domingo, 3 de octubre de 2010

Fotografías Maravillosas

En el amplio y generosos Valle del Limarí, no se requiere un gran conocimiento técnico, ni la mejor máquina fotográfica, para obtener bellas y originales tomas de paisajes llenos de contrastes; de lugares remotos, donde sólo la naturaleza es nuestra compañera de viaje, como la costa inhabitada o la Ruta Antakari, que une por un camino cordillerano, el Valle de Río Hurtado con la  ciudad de Vicuña.

Parrón en casa abandonada. Pueblo de Latorre.


Puertas antiguas, casas abandonadas, parrones añosos, frutos maduros, herramientas de labranza, animales a la vera del camino… amaneceres y atardeceres de colores apacibles o ardientes, gente sencilla, accesible y esforzada, rostros con historia, flora luchando por la sobrevivencia, animales que nos observan con curiosidad... todo está aquí, para ser inmortalizado sólo por quien puede descubrirlos.

Casa a la vera del camino. Pueblo de San Julián.


Hacienda El Tangue

Ventana de casona antigua. Pueblo de Las Sossas.

sábado, 2 de octubre de 2010

Costumbres Vivas



Cementerio de Cerrillos de Tamaya.

Aquí y allá, en cualquier recodo del camino rural, es posible encontrar trazas de las tradiciones rurales, como el uso del caballo y el burro como medio de transporte y ver a los lugareños vestidos a la usanza tradicional, como huasos chilenos, con sus sombreros de paño en invierno o la chupalla de paja en el verano.

A la  vera, aún el paso del tiempo no ha eliminado los vestigios de las ancestrales técnicas constructivas en paja y barro, conocidas como quinchas. Puertas viejas, portones abandonados, pircas de piedra, hablan un lenguaje bello y emotivo.

Las fiestas religiosas populares ocupan un importante lugar entre las tradiciones del valle del Limarí y existen celebraciones que cuentan con cien o más años de existencia. San Pedro en las caletas pesqueras; la Fiesta del Niño Dios de Sotaquí, la Fiesta de Nuestra Señora de Andacollo; y muchas otras menores, como las de los villorrios Huamalata y Cerrillos de Tamaya.

Los cementerios viejos y coloridos, cuentan la triste historia de la dura vida rural chilena hasta no hace tantos tiempo atrás. En el campo santo de Cerrillos de Tamaya, pequeñas tumbas, dan cuenta de familias que perdían a sus hijos,  año a año, a los pocos días o meses de nacer.

Los caminos de la zona también nos recuerdan la fragilidad de la vida humana, aquí y allá, el cariño de quienes han sobrevivido a los deudos, ha levantado animitas; casuchitas con una cruz, con el nombre del fallecido, acicaladas con flores y recuerdos.


Muro de quincha. Camino Ovalle - Quebrada Seca.

Cementerio de Cerrillos de Tamaya.

Contraste en casa de Pueblo de Santa Cristina.
Joven y niño en burro, en camino de solana del Valle del Limarí.
Animita en camino rural.

viernes, 1 de octubre de 2010

Tradición Rural



Esquina de calles Federico Alfonso con Arturo Villalón, en Pueblo Cerrillos de Tamaya.
 

El camino de tierra, que serpentea por la ladera norte y también por la ladera sur del Valle del Río Limarí, recoge pueblos centenarios, que brotan cada cierto tramo recorrido, con la frecuencia con que eran necesarios el hospedaje y la pernoctación, en aquellas épocas en que el transito se hacía a caballo o en carretas rudimentarias.



Carreta en el camino entre los pueblos de Trapiche y Latorre.


 Aunque hoy algunos sectores están pavimentados, las tradiciones rurales se mantienen en Trapiche, Latorre, Las Sossas, Cerrillos de Tamaya, Barraza, Tabalí, San Julián…, algunas de las cientos de localidades rurales de la Provincia. Al pasar por Salala hay que vivir la experiencia de comprar los exquisitos  camarones de río, para cocinarlos unas horas más tarde, al calor del hogar.

Durante el recorrido rural no es extraño ver majadas de ganado caprino, fuente de mantención para centenares de familias de la zona, mediante el uso del cuero, la leche, la carne –cabrito asado- y, especialmente, de la elaboración del queso de cabra, inigualable asado a las brasas, junto a un vaso de vino tinto.

Huaso a caballo en el Pueblo de Las Sossas.
Correo rural en Pueblo de Latorre.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Ecología Bella


Monterredondo

Mi tierra del Limarí conserva rincones en sus cerros, quebradas y playas, en que la naturaleza se expresa libre e  ignota.

Una extensa costa inexplorada, alejada de las rutas turísticas, donde se mantienen desde hace muchas generaciones tradiciones marinas. Allí, en caletas perdidas en el tiempo, es posible compartir esa rica experiencia, con los descendientes de los Changos, pueblo originario de Chile que mantuvo el control del territorio hasta hace apenas un par de cientos de años.

Nadar en playas desafiantes y solitarias, comer peces y mariscos recién sacados por nosotros mismos de la mar, fotografiar lugares que no aparecen en los mapas, inmortalizar plantas y animales que nos observan sin desconfianza, mientras el silencio de la tarde nos prepara para disfrutar de atardeceres de colores intensos.

Humedales, como el ubicado en el sector de El Tangue, nos esperan para brindarnos -gracias a la biodiversidad que cobijan- toda su riqueza ecológica; de la que también es heredera el Parque Nacional de Fray Jorge, una valiosa Reserva Mundial de la Biósfera, ubicada a 400 metros sobre el nivel del mar, en los cerros de la ladera norte de la desembocadura del Río Limarí,.

Cada año lluvioso, como el actual, el semidesierto despierta de su letargo, y al llegar la primavera septentrional –septiembre y octubre-, las laderas inertes se llenan de vida en el famoso desierto florido; una explosión de flores rústicas y sorprendentes, como la añañuca.

Playa Grande de Tongoy.

Humedal El Tangue.